jueves, 4 de febrero de 2010

“La joueuse”, la película

En Francia bajo el título “La joueuse”, la película ya se presentó en los cines el 5 de agosto del año pasado, mientras tanto “Die Schachspielerin” – “la jugadora de ajedrez” se estrenó el 7 de enero en Alemania:
Cartel alemán de la película. Foto:
www.filmlandschaft.netA continuación nos permitimos presentaros un resumen del contenido de la citada cinta:La jugadora de ajedrez: La joueuse: Die SchachspielerinGenero: DramaTags: Un pueblo, un hotel, el ajedrez, un torneo de ajedrez, una camarera y las ganas de jugar una buena partida;Sin embargo el ajedrez es cosa de hombres. Así se pensaba. Pero, a mucho tardar después de ver esta película, el juego por la “dama” y el “rey” debe contemplarse bajo otro prisma. La directora, Carolina Bottaro dibuja con el estreno de su película de largometraje “La jugadora de ajedrez” una imagen vibrante y sensual de placer femenino, jugando una buena partida de ajedrez.Hélène (Sandrine Bonnaire) está trabajando como camarera en un hotel de la isla de Córcega y además lo compagina con la tarea como la señora de limpieza en la casa del Doctor Kröger (Kevin Kline).
Hélène (Sandrine Bonnaire). Foto: cinechecs.blogspot.comSu vida no permite grandes altibajos.No obstante, la autosatisfacción reservada, que descansa en su interior, no demuestra – en un principio - ningún déficit en su vida cotidiana.Pero esta situación cambia, cuando un día observa a una pareja jugando al ajedrez.La escena la marca de tal forma que a partir de ese instante lo que era, sufre un giro de 180º grados.Dado que su marido no siente afición alguna por las innumerables variaciones sobre las 64 casillas, Hélène convence al gruñón del Doctor Kröger que le inicie y le enseñe las bases y estrategias de aquel juego.Sin embargo, no parece que se trate de una partida normal y corriente que está jugando una pareja en el balcón de su hotel. Más bien, que ambas personas están experimentando más disfrute de lo usual del que deberían sentir, concentradas en sus pensamientos ante el tablero. Lo que observa Hélène se parece más a un acto erótico – por la sensación de placer que se desprende de las miradas, la seducción que se deduce de los movimientos, el carácter desenfadado del deshabillé, cuyos tirantes deja resbalar continuamente.Hélène se encuentra en la habitación, está mirando a través de las cortinas del balcón, como una cotilla sobre algo tan atractivo como prohibido.La “jugadora de ajedrez” se basa en la novela con el mismo título de Bertina Henrichs.
Portada del libro de Bertina Henrichs en alemánPero, si no se supiera este detalle, no se podría suponer.Lo que ocurre, es que la directora no nos presenta una reproducción de la novela, si no que trabaja con medios e ingenios cinematográficos. Todas las esperanzas y dudas, todas las nostalgias que se pueden originar sobre la protagonista se narran a través de gestos y miradas, una luz afable y colorista con el resplandor del sol.De repente, la obsesión envuelve a Hélène mediante un velo erótico.Francamente, este cambio tiene que ver más con una violación del tabú, a lo cual se atreve la protagonista: Al descubrir un talento en su interior, que cambia radicalmente su vida. La esposa y madre, que fue solamente para los otros, ahora está reclamando un área de su vida para si misma.Es la forma en que aflora el fondo verdadero de su personalidad que se ha despertado de su sueño mediante un dulce beso dado a la bella durmiente.
Fotograma de la película. Foto:
www.kinokult.deLa gran fuerza de la película obedece al hecho de que Sandrine Bonnaire y Kevin Kline conciben su actuación con tal riqueza de facetas que juntos o el uno frente al otro en el tablero arranca – jugada por jugada – unos cambios personales, que no se podrían confiar a ninguna de las figuras. Kevin Kline – apenas reconocible con aquella barba cerrada – se transforma de una persona llena de odio contra los demás seres humanos en un mentor encantador.
Fotograma de la película. Foto:
www.kinokult.deSandrine Bonnaire consigue mantener en un balance creíble la llamada de la novedad y la conservación de lo que era bueno hasta aquel momento.De esta forma la partida de ajedrez, alimentada eróticamente, no crea una relación triangular, si no una afinidad electiva, que conoce sus limites. Desde un ángulo visual femenino, la directora Carolina Bottaro proyecta intencionadamente en este sentido las escenas sobre el tablero. Recorriendo largos trayectos, no se nota en ningún momento ni competencia, ni obstinación o ni ningún síntoma de poder perder.Solamente muy al final se manifiestan algunos elementos, que se podrían presagiar de dominio masculino.Allí se engañan y se pelean entre sí con falsas apariencias, los trucos psicológicos ponen en marcha sus abusos crecientes.No obstante, ya en aquellos momentos, Hélène juega con tanta soberbia, que no se deja desorientar por nada ni nadie que le pueda apartar de su profundo convencimiento:“la dama es la pieza más fuerte en el ajedrezrlos R Monitor Valverde - Huelva

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